Evadir la realidad
El humano requiere de creencias, la verdad absoluta aunque idónea; puede hacer un gran daño a la psique humana. Como fue relatado anteriormente en otros puntos, la religión siempre sirvió como gran forma de evadir la realidad y los problemas, y aunque no sea idóneo, cumple con una función fundamental para el ser humano, y es impedir que el sufrimiento nos aplaste.
La efectividad de esto es cuestionable, al menos en la religión, de normal requiere el seguir un culto y nos limita a experiencias si es que queremos seguir susodicha religión. Y todo para la mentira de que siguiendo con esas normas nos esperará el cielo, donde las preocupaciones serían cosa del pasado. Aparte que como critiqué anteriormente, puede conseguir el seguir una religión el que ignoremos nuestro sufrimiento, dejarlo pasar porque es irrelevante, siendo nuestro objetivo el llegar al cielo donde no habrá tal sufrimiento, y donde trabajar en resolverlo casi parece dudar en la palabra de Dios. Esta dinámica no es más que los antidepresivos para creyentes. Pero no sería honesto solo llevarlo a la religión únicamente o demonizar un intento de personas vulnerables en dejar de lado un sufrimiento que les supere. Con el espiritualismo sucede una cosa similar, aunque dependa más de persona en persona, y es que la inmensa mayoría de filósofos son espiritualistas en menor o mayor medida. Se insiste en hablar de ánima, sobre el indomable espíritu humano, la explicación del ser... Se le da cierto misticismo a cómo funcionamos e interactuamos en este mundo, cuando todo proceso de nuestro ser o ánima es mecánico, no tiene intervención "nuestra", ya que difícilmente hacemos algo "nuestro". En todo caso, nosotros no somos más que espectadores de una vida ajena, de cómo el inconsciente la determina y nosotros como espectadores le intentamos buscar explicación. Nuestro ser sigue siendo nuestro cerebro y la vasija en el que está encerrado, y nuestra forma de actuar y pensar se ve altamente influenciada por genética y el entorno, no actuamos de forma consciente como si fuéramos otra entidad distinta a la física, no poseemos alma. Seríamos personas totalmente distintas si tuviéramos otro entorno, aunque tuviéramos una genética igual, solo seríamos similares en apariencia pero seríamos un "ser" distinto, por ello las decisiones que tomemos siempre estarán influenciadas y nuestro libre albedrío cuestionado, tenemos menos influencia en nuestra vida que la influencia que tenemos en vida de terceros.
Si no fuéramos espiritualistas, al igual que lo son el resto de animales, no nos separaría nada a los humanos de simples máquinas. No le daríamos importancia a la muerte de seres queridos, ni haríamos toda la parafernalia asociada a la pérdida, no mostraríamos emociones, no podríamos mantener la esperanza incluso en tiempos de incertidumbre y la vida sería terriblemente estable, donde tendríamos desapego por vivir. Aunque el espiritualismo nos limite también en nuestra libertad, al ser que: el sufrimiento emocional es en la mayoría de ocasiones más intenso que el físico, la idea de que la ánima del fallecido nos acompañe y por ende comportarnos tal como hubiesen querido, le asociamos a objetos inertes de un valor emocional en caso de que nos recuerde a alguien o a una época nuestra, tendemos a temer incluso en situaciones que somos conscientes que son seguras por creer en sucesos paranormales, etcétera. Gran cantidad de limitantes sale al creer en vida más allá de la muerte, o del misticismo que le damos a nuestro y a distintos seres; pero el nihilismo absoluto es irrealizable, y ninguna persona sana mentalmente lo intentaría llevar a cabo. Porque peor es malvivir creyendo que la vida no tiene sentido; a edulcorar la verdad solo con tal de no sumirse al pesimismo, porque es la manera en la que podemos encontrarle sentido a la vida, nuestro propio sentido. La alternativa deriva al derrotismo y la innecesaridad de una moral que nos guíe, ya que al ser todos iguales de irrelevantes quién es aquél que puede determinar lo correcto o incorrecto, deberá ser algo sujeto al individuo de qué considera eso como tal. Y hasta cierto punto es una forma válida de pensar, ya que de primeras no estás sujeto a la manipulación de la sociedad de cambiar tus valores, teóricamente; pero en realidad lo sigues estando por lo influenciables que somos los humanos, y para llegar al nihilismo has de haber sido manipulado previamente. El nihilismo le quita cualquier disfrute que la vida pueda otorgar solo para vivir acorde a la idea que sin una verdad absoluta quita cualquier importancia el vivir, o de seguir una moral; pero nuestro motivo para vivir no tiene por qué estar sujeto a nada de eso. La única utilidad del nihilismo es darse una pausa de la sociedad, aprender de lo nociva que es y lo mucho que deshumaniza al humano y reflexionar hasta el punto de encontrar absurdo continuar con tal pesimismo, para seguidamente ponerse de meta en la vida lo que creamos falta a la sociedad, con tal de mejorarla. Pero tener el nihilismo como forma de "vida", si es que se puede llamar así, es sumirse en el derrotismo, y es una idea que ninguna persona opcionalmente elegiría; si la idea del nihilismo o estoicismo es tan popular es por el capitalismo desmedido, tener que renunciar de vivir una vida plena por cómo está construida la sociedad, por darnos un cometido que no tiene por qué casar con nosotros.
Desde el espiritualismo podemos apreciar la grandeza de la vida, representada en todo sentido y forma, y por ende nuestra moral automáticamente es preservar y respetar susodicha vida, para vivir de forma mutualista entre la naturaleza y nosotros. Está en nuestra naturaleza el ser espiritualistas, y en animales cuan inteligentes sean, más espiritualistas son; algunos hacen rituales, otros se reúnen en grupo para lamentar la muerte, y hay quienes al pasar por delante de dónde falleció uno de su grupo hacen una parada contemplativa. No es cosa única de los humanos ni tampoco es cosa cultural nuestra, ni tampoco una mala interpretación de humanizar las acciones de otros animales, sino es algo habitual en especies inteligentes por ser capaces a entender el tiempo limitado que poseemos, y por ello lamentamos cuando a seres queridos se les acaba susodicho tiempo. Porque no hay ninguna ventaja evolutiva el tener que lamentar los muertos, ni de pasar por la etapa de duelo por la cual hemos de pasar, pero sin embargo lo hacemos. Porque el sentido de la vida consiste en gran medida vivirla junto a los de nuestra especie, para influenciarnos para ser la persona que queremos ser, y para saber mismamente qué clase de persona es esa. Vivir la vida en solitario no solo nos coarta de un gran desarrollo y nos limita, es peor la soledad para la persona que las peores drogas.
Si nos despojamos del espiritualismo y misticismo alrededor de nuestro ser, quedará por definir de qué trata la humanidad o naturaleza humana, que constantemente estoy haciendo alusión. Con la desconstrucción corpórea y moral que implica dejar el espiritualismo, hay realmente poco que nos separe del resto de animales. La realidad es que cualquier animal con la inteligencia suficiente tiene costumbres similares a las nuestras, y las diferencias se pueden achacar al entorno. El motivo por el cual unas mismas acciones son interpretadas diferente por cada especie, se debe a que la evolución moldeada por el entorno, ha hecho que sea interpretada la acción de esa forma. Y si entre personas no hay un consenso universal del comportamiento es por no tener un entorno uniforme al haber evolucionado tanto a través de los siglos, por no tener que luchar por la supervivencia y por ende haber creado complejas dinámicas de socialización. Hemos dejado de lado la evolución lógica de las especies, y por ende hemos relegado nuestra naturaleza y se nos hace extraña cuando alguien la muestra. Pero aún seguimos poseyendo tal naturaleza, y con diferencias lo suficientemente relevantes para distinguirnos entre especies.
La naturaleza humana no es inmutable al cambio, pero no muta igual que de forma individual. Somos gratamente influenciados por la evolución de la sociedad, y por eso parece que somos otros seres distintos a los humanos, porque constantemente cambia el significado de qué es ser humano, pero aún poseemos intrínsecamente lo que nos hace tales: la capacidad del habla, del raciocinio, la empatía, la necesidad de socialización, la expresión personal, la necesidad de pertenencia, y la necesidad de la ambición. Aunque actualmente se persigan mayores ambiciones que en comparación a los primeros homínidos, ya estaba originalmente susodicha necesidad en nuestra naturaleza, pero cuando nuestra supervivencia era tan prioritaria no se mostró por nuestras prioridades. Pero desgranar exactamente qué consiste la naturaleza humana es una tarea titánica, no sabemos exactamente cuando es responsable el entorno y cuando nuestra naturaleza de ser. Puede ser todo una construcción social de lo que ser humano significa, al igual que la naturaleza de otros animales. Aunque también nos tuvimos que adaptar al mundo, inculcando una forma de ser de generación en generación, hasta que por sobrevivir aquellos que fueron inculcados de esa forma lo estuvieran haciendo los suficientes años para que formase parte de nuestro genoma. Quizás los primeros homínidos sabían qué hacer en este mundo cuando llegaron por la influencia de otros que les decía qué hacer, y siempre hemos delegado en otros para que nos definan; y por ello cuando queremos definirnos a nosotros mismos se nos es tan complejo.
Pero hay rasgos que no se pueden adaptar al genoma humano, aunque se repita el mismo patrón por millones de años. No puede nacer una persona que por predisposición de su propia naturaleza pueda ser individualista, apático, aprovechado, o que tenga ninguna clase de ideología. Aunque al contrario si se haya conseguido en su inicio, pero porque da una ventaja evolutiva para la supervivencia. Pero ya no tenemos que luchar por la supervivencia, todos somos iguales de aptos para transmitir nuestro genoma a través de generaciones, no hay un surtido de quién sea más confiable a la hora de la supervivencia o reproducción. El ser individualista, apático y aprovechado no viene en ninguna parte del genoma, y no se puede transmitir de ninguna forma menos la social; los traumas y daños de la sociedad a los padres les es irrelevante a los espermatozoides cuales son el potencial de cambiar el genoma a través de costumbre a lo largo de los años. Aunque por nuestra sociedad hiper-individualista parezca mentira, todo el mundo compartimos las características que mencioné que consiste la naturaleza humana.
Por el mismo intento de suprimir nuestra naturaleza nos ha condicionado por más que seamos conscientes de la importancia de abrazarla, porque nuestra propia naturaleza se nos vuelve ambivalente; la ansiamos con gran intensidad, pero la idea de dejar que la naturaleza de nuestro ser nos posea nos aterra. Estamos acostumbrados a fingir ser una especie distinta a la que somos, que nos digan constantemente que el funcionamiento de nuestra vida es simple, hemos de trabajar para nuestro patrón, para ganar el derecho de subsistir. El nihilista ha de comprender que no debe de aceptar la vida que otros quieran para él, ni que le den el sentido de qué consiste, es una tarea que todo individuo hemos de seguir.
Se necesita tanto el espiritualismo e idealismo, aunque intrínsecamente está en todo apartado de nuestras vidas, no todo necesita de una explicación exacta ni tener una idea perfeccionada antes de empezar con ella, lo mismo con nuestras vidas; si no le encontramos sentido a nuestras vidas es porque no nos hemos cuestionado lo suficiente. Para saber qué preguntar para encontrar ese sentido, hemos de continuar viviendo junto al resto de personas, que por ello está en nuestra naturaleza, hemos de renegar del sistema que desea que abracemos el nihilismo. Y eventualmente encontraremos el motivante para seguir viviendo, para quién o quienes hemos de seguir viviendo, para qué hemos de seguir luchando. Y encontraremos quién somos en el proceso, juntándonos con personas que están persiguiendo exactamente lo mismo que tú, el encontrar su lugar en el mundo. En el momento que poseamos nuestra ambición y nuestro sueño sea el conseguirlo, no nos bloqueará el hecho de que no haya garantía de que tan siquiera sea posible, porque por más imposible que sea, tenemos un horizonte que perseguir, nos dirige la vida hacia algo que queremos. Quizás siendo realistas veríamos que sería un intento en vano el lograr lo que nos proponemos, pero lograrlo no es nuestro motivante, vivir lo es. Es un escenario donde conviene el idealismo si el no lograrlo nos aterra, siempre que el idealismo sea alejado del capital, y venga de parte de lograr nuestra felicidad y honra, hay que luchar por ello por más imposible que sea. No hay garantía total que estés en lo cierto al determinar que el sueño sea imposible para empezar, por ende no tienes la negativa antes de empezar. Pero dejando de lado la expectativa de una posibilidad ínfima de lograrlo, aunque fuera una garantía nuestro fracaso, hay que seguir luchando porque estamos destinados a ello, cada intento de lograr nuestras ambiciones es ser leales a nuestro ser, porque en caso de que nos neguemos a intentarlo; pasaremos el resto de nuestra vida arrepintiéndonos. Y antes de vivir una vida mediocre, ignorando nuestro anhelo por miedo a perseguirlo, es mejor morir intentando perseguir la vida que queremos. Nos hemos de mantener tercos y firmes a nuestra idea de qué es la vida para nosotros, es la manera que menos sufrimiento a nuestro ser traerá; no por ello traerá poco, pero mayor es el sufrimiento cual es permanente a lo largo de la vida.
Esta mentalidad es necesaria para cada revolucionario, si en el momento que el estado nos oprima con más fuerza nos vamos a echar para atrás por miedo a qué nos pudiera pasar, mientras vemos que es improbable la revolución, no conseguiremos más que soterrar cualquier posibilidad de lograrlo. Seamos más cobardes o menos, acabaremos en el cementerio, qué menos que hacerlo con el honor de haber luchado para la humanidad. Somos conscientes a la hora de querer acabar con el sistema, que éste no nos va a tender la mano para su propia destrucción, sino que buscará la nuestra propia. No tiene sentido echarse atrás a la hora que nos persigan con mayor intensidad.
Y volviendo al nihilismo, es mejor una vida con sufrimiento al igual que disfrute, a negarse a vivirla y solo asegurar el sufrimiento. Lo importante es el camino a conseguir nuestros sueños; no la meta, por más cliché que suene. La meta es solo la culminación de nuestro objetivo de vida, pero lo que demuestra nuestra fortaleza y determinación es el camino que tomamos con la meta en el horizonte todavía, cada problemática que hemos de superar con tal de conseguir nuestra realización personal. Y por más lejos que nos quedemos de la meta, nos habremos beneficiado por el camino al ser nosotros mismos, únicos e irremplazables. Por más cuestionamiento que recibamos por nuestro modo de vida, nadie sabe mejor cómo vivir nuestra vida que nosotros mismos, y quienes la cuestionan requieren de introspección para comprenderlo. Aunque la persona que más nos cuestionará seremos nosotros mismos, pero según vayamos avanzando hacia el horizonte ese cuestionamiento será menos común, porque nos estaremos volviendo uno con nuestra persona real y nuestro ser realizado.
En nuestra sociedad como critiqué previamente, nos quieren siguiendo un modelo de persona, por más vacía que sea esa vida, falsa e insípida. Luchar por nuestra grandeza y realización es intrínsecamente revolucionario, es una necesidad para tener una sociedad funcional. Se fomenta el nihilismo, y por ello una cantidad preocupante de gente considera que ser nihilista es sinónimo de aceptar la realidad. Pero la realidad es que la vida no tiene que tener un significado igual para todo el mundo, es complicado encontrarle significado si te enfocas en las reglas de la sociedad actual. Para encontrarle el significado, en primer lugar debes de ignorar las normas preestablecidas de la sociedad, no buscar el lucro como si fuera la cúspide de una vida; y de ahí ya no se imposibilita el encontrarle sentido a la vida, pero dependerá de cada individuo cuál es: si quiere ser el cambio que considera que la sociedad necesita, si prefiere ayudar a su comunidad y cercanos, si quiere empezar con proyectos propios, etcétera.
Hay que permitir que las personas sueñen, aunque solo soñando no se consiga que se materialice lo que deseen, pero se requiere primero de soñar para después actuar acorde lo que sea necesario para que se cumpla susodicho sueño. Y no es evitable que las personas sean soñadoras, solo como sociedad podemos conseguir que pierdan la energía para que no lleguen a actuar nunca. Los mayores avances humanitarios se han conseguido gracias a personas soñadoras que materializaron sus sueños, quizás no de la forma idílica como se imaginaban, pero una mejoría en comparación que si no se hubiera llevado a cabo. Pero se insiste de tener los pies en la tierra, de admitir el cómo funciona la sociedad como realidad inalterable, aunque antes de la dinámica que optamos por tomar teníamos un comportamiento totalmente distinto. Nosotros hemos sido quienes hemos construido este viejo mundo, por más que no queramos, y si no es totalmente horrible es gracias a soñadores; personas que no se quedaron estancadas en una fantasía de un mundo perfecto, solo en su imaginación, sino que lo quisieron llevar al mundo físico y definitivo. Hay quienes preferirían vivir solo en su imaginación, si les permite sentir tal como el mundo físico además de poder manipularlo a su antojo. Pero no merece la pena que el amor se quede en el mundo idílico imaginativo, para qué ser amado y reverenciado en un mundo de fantasía, igual de vacío que la vida de un nihilista. Es preferible la realidad por más amarga que pueda ser, pero tus acciones pasan a tener efecto real, dejas una huella verdadera a todo aquel que interactúe contigo, y tienes el potencial de volver todo lo que añoras en realidad.